No me estoy riendo porque sea gracioso, me estoy riendo porque, babe, tenemos que sobrevivir a esto de alguna manera.


 
Hay una cosa que debería aclarar antes de que sigamos hablando y de que me sigas conociendo:

No me estoy riendo de ti.

Probablemente me estoy riendo porque estoy nerviosa, o porque estoy incómoda, o porque no sé qué demonios hacer con lo que está pasando, o porque, en este preciso momento, mi cerebro decidió que la respuesta emocional más apropiada ante una situación completamente devastadora era hacer un chiste.

A veces el chiste es terrible, y definitivamente no debo estarlo haciendo, lo sé, el problema es que para cuando yo me doy cuenta de que acabo de decir algo absolutamente inapropiado, probablemente ya me estoy riendo todavía más, y entonces tú piensas que soy una hija de puta.

Y yo pienso: Oh no. Oh no, oh no, oh no. ¿Cómo explico que esto es exactamente lo contrario de lo que parece? Porque no me estoy burlando de ti. Solo estoy tratando de sobrevivir a la situación.


Durante mucho tiempo pensé que todo el mundo funcionaba así, y que todo el mundo podria entenderlo, que cuando algo era demasiado incómodo, uno hacía un comentario, que cuando algo dolía demasiado, eventualmente alguien decía una estupidez, todos reian y respiraban un poquito mejor.

Que cuando una situación se volvía insoportable, encontrarle algo absurdamente gracioso era una forma perfectamente normal de atravesarla y alivianar el momento. Hasta que descubrí que, aparentemente, no todo el mundo tiene el mismo sentido del humor que yo en una crisis.

Qué sorpresa!  Resulta que soy un payaso y hay momentos en los que la gente espera solemnidad, silencio, una expresión facial apropiada, tal vez un abrazo y no una referencia de bob esponja seguido de algo que definitivamente no debería haber salido de mi boca.

He aprendido esto de la manera difícil, más de una vez.


También me río cuando estoy nerviosa, no esa risa bonita de película donde una mujer elegante baja la mirada y suelta una risita, esa risa que se espera de una 'Dama', NO! La mía es más bien como un cerdo tragando y tosiendo al mismo tiempo, sin ofender a los cerditos, y mientras más intento detenerla, peor se pone.

Es como si mi cerebro dijera: Tenemos una emergencia,  alguna otra parte de mí respondiera: Perfecto, hagamos comedia.


Pero hay una versión de esto que no es graciosa, probablemente es la razón por la que estoy escribiendo todo esto, porque hubo momentos en los que mi risa lastimó a otras personas, personas que estaban tristes, personas que estaban enojadas, personas que necesitaban que yo entendiera la gravedad de lo que estaba pasando, y fisicamente yo estaba ahí, cubriendo 'disimuladamente' mi boca, intentando contener una risa que ni siquiera quería tener.

Sé que desde afuera parece horrible, y que estas pensando lo peor de mi, y que se mi amigo debe ser una pesadilla, sé lo que parece, parece indiferencia, parece crueldad, parece que no me importa, algunas veces he tenido que ver cómo alguien que quiero me mira y piensa:¿Cómo puedes estar riéndote ahora? y mi respuesta simplemente es: No lo sé.

Ojalá tuviera una explicación más convincente, bonita, más científica, más aceptable. Ojalá pudiera decirte exactamente qué interruptor se activa dentro de mi cabeza, pero la mayoria de las veces no puedo, sólo sé que algo dentro de mí se pone demasiado lleno y sale por donde puede. Justo como un tanque rebosado, yo rebosando emociones.


Quizá por eso también aprendí a hacer chistes sobre cosas que me dan miedo,el dinero,el trabajo, mis errores, las malas noticias, mis fracasos, la posibilidad de decepcionar a alguien, mi propia ansiedad, mis decisiones cuestionables, las veces que me doy cuenta de que quizá debería haber pensado un poquito más antes de hacer algo, incluso mis propios momentos de mas profunda tristeza o depresion.

Especialmente esos, porque hay días en los que decir: Estoy triste, se siente demasiado grande. Pero decir: Bueno, aparentemente hoy mi estabilidad emocional está patrocinada por café, monster, pan y decisiones cuestionables. es mucho más fácil.

Me es mas facil respirar, enmascarar todo y asi puedo seguir.


No sé si esto tiene que ver con mi forma de procesar las emociones. No sé cuánto tiene que ver con mi cerebro, con mi personalidad, con las cosas que he vivido o simplemente con haber aprendido desde hace mucho tiempo que reírme hace que las cosas pesen un poquito menos.

Probablemente sea una mezcla, pero tampoco quiero convertirlo en una excusa, porque entender por qué hago algo no significa que nunca tenga que hacerme responsable de cómo afecta a los demás, si te lastimé, te lastimé, aunque no haya sido mi intención.

Y para mi esa es la parte más difícil de aprender: mis intenciones no siempre son visibles desde afuera, tú sólo ves mi cara, me ves colorada y que me estoy riendo, yo estoy sintiendo una cosa completamente diferente.


Hay una versión de mí que llora muchísimo, no siempre la gente la conoce, porque es más fácil verme haciendo un chiste, es más fácil verme exagerando algo, es más fácil verme diciendo: Bueno, esto salió de la verga y riéndome.

Que verme sentada en silencio preguntándome cuánto tiempo más puedo seguir sintiéndome así, creo que durante algunos periodos de depresión, el humor fue una de las pocas cosas que todavía podía producir por mí misma.

No necesariamente felicidad, a veces sólo una pequeña interrupción de la tristeza, un segundo, una grieta, un poquito de aire, un color que no era gris. Porque cuando llevas demasiado tiempo sintiéndote mal, no siempre necesitas estar feliz. A veces sólo necesitas no sentirte horrible durante treinta segundos, y si puedo conseguir esos treinta segundos diciendo una estupidez, bienvenida sea la estupidez.


Tal vez por eso prefiero reír antes que llorar, no porque no llore, créeme, lloro, muchísimo, lloro en el coche, lloro en la cama, lloro por cosas que probablemente no merecían semejante producción y actuacion dramática, lloro por que sí, lloro de cansancio, lloro de frustración, lloro cuando siento que no puedo más, y asi nada mas, después, eventualmente, hago un chiste.

Y todo solo porque sigo aquí, porque tengo que seguir, porque mañana todavía hay cosas que hacer, porque alguien necesita una respuesta, porque tengo trabajo, porque tengo pendientes, porque tengo una tienda que organizar, porque aparentemente las responsabilidades no desaparecen sólo porque una tenga ganas de acostarse en el piso y convertirse en decoración, y porque, algunas veces, después de llorar tanto, una buena carcajada se siente como volver a abrir una ventana.


Así que si alguna vez estoy contigo y sucede algo terrible y me ves reírme,antes de pensar que me estoy burlando de ti, déjame explicarte algo: probablemente estoy asustada, probablemente estoy nerviosa, probablemente no sé cómo manejar lo que estoy sintiendo y seguramente mi cerebro encontró un chiste antes de encontrar palabras, y si me conoces lo suficiente, eventualmente voy a decir:“Perdón. No me estoy riendo de ti.”y voy a intentar explicarlo.

Quizá incluso voy a lograrlo sin hacer otro chiste, definitivamente no prometo nada, pero voy a intentarlo, porque estoy aprendiendo que sobrevivir a las cosas con humor es una habilidad, pero también lo es aprender cuándo dejar el chiste a un lado y simplemente sentarte junto a alguien, a veces hay que hacer reír, a veces hay que llorar, a veces hay que escuchar, a veces hay que decir: “Esto está de la chingada.”  y solo quedarse ahí, sin intentar arreglarlo, pero sin minimizarlo, sin convertirlo en una broma, sólo acompañando, solo estando.

Porque quizá esa es la diferencia que todavía estoy aprendiendo: No quiero reírme de tu dolor, quiero encontrar una manera de atravesar el mío, y cuando pueda, ayudarte a atravesar el tuyo también, aunque mi cerebro insista en hacer un chiste pésimo en el camino, antes reír que llorar, pero no es porque no me duela, precisamente porque sí, y mucho.

-Jessie

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