Últimamente siento que hablar de ropa en internet se volvió una competencia por ver quién tiene la moral más limpia.
Que si compras en Shein eres parte del problema.
Que si compras en Zara no te importa el planeta.
Que si compras en tiendas de segunda mano o en el tianguis entonces ya encontraste la iluminación.
Y la verdad... creo que la conversación es muchísimo más compleja que eso, no todos vivimos la misma realidad.
Hay personas que pueden ahorrar durante meses para comprar una prenda ética hecha por una pequeña marca local de excelente calidad, y qué bueno, les aplaudo.
Pero también hay estudiantes, familias, personas con cuerpos fuera de las tallas tradicionales, gente que está empezando a trabajar, personas que simplemente no pueden gastar $80 dólares en una playera, y eso también es válido, y es lo mas cercano a mi realidad.
Creo que muchas veces olvidamos que la accesibilidad también importa, no solamente hablando del el precio, también las tallas, la disponibilidad, la facilidad para encontrar algo que te guste y que te quede bien. Porque para muchas personas, las marcas de fast fashion son de los pocos lugares donde encuentran ropa en su talla sin tener que recorrer media ciudad, o salir de sus comunidades.
¿Eso significa que el fast fashion es perfecto? NO
Tiene problemas enormes que no podemos ignorar: impacto ambiental, sobreproducción, condiciones laborales cuestionables y un modelo que nos empuja constantemente a consumir más. Pero una cosa es reconocer esos problemas, y otra muy distinta es hacer sentir culpable a alguien por comprar una camiseta que necesitaba para trabajar o ir a la escuela.
Creo que el problema nunca ha sido comprar fast fashion, el problema es consumir como si la ropa fuera desechable, comprar veinte prendas porque estaban baratas, usarlas una sola vez, olvidarlas en el clóset, no repararlas, y repetir el ciclo el siguiente fin de semana, eso sí genera un impacto enorme.
En cambio, comprar una prenda porque realmente la necesitas, usarla durante años, combinarla de distintas formas, repararla cuando se rompe, donarla o venderla cuando ya no la usas, eso cuenta una historia completamente diferente.
Yo tengo prendas de fast fashion que llevan conmigo cinco, o seis años y han sobrevivido mudanzas, trabajos, viajes, cambios de estilo, cientos de lavadas, reparaciones y siguen en prefecto estado. ¿Siguen siendo fast fashion? Sí. ¿Fueron una compra irresponsable? Tal vez, pero ahora, yo creo que no.Porque les he dado la vida útil que meren.
A veces sentimos que la única forma de ayudar al planeta es comprar exclusivamente ropa sustentable, pero también existe otra opciónes: comprar menos, comprar con conciencia, pensar antes de agregar algo al carrito, preguntarte si realmente lo vas a usar y como lo vas a estilizar, y sobre todo, dejar de comprar por aburrimiento.
No creo que la sostenibilidad deba convertirse en otro privilegio al que solo algunos puedan acceder, me gustaría que dejáramos de medir el valor de las personas por la etiqueta de su ropa, no sabemos la situación económica de quien tenemos enfrente, no conocemos su cuerpo, no conocemos sus necesidades, y tampoco sabemos cuánto tiempo lleva usando esa prenda que estamos juzgando.
Al final, creo que vestir de manera consciente no depende únicamente de dónde compras, depende de cómo consumes, de cuánto cuidas lo que ya tienes, y de entender que la prenda más sostenible, muchas veces, es la que ya está en tu clóset.
Quizá no podamos cambiar toda la industria nosotros solos. pero sí podemos cambiar nuestra relación con las cosas que compramos. y para mí, esa conversación siempre será mucho más importante que señalar con el dedo a quien compra en una tienda de fast fashion.
- Jessie
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